miércoles, 8 de julio de 2015

Carta para un destinatario ausente.

En algún lugar de Guatemala, en una fecha que quisiera olvidar.



Querido y a veces odiado,
utópico amor.
Presente.


Recuerdo el odio que se intercambiaba  nuestras auras, y es que nuestros ojos se irritaban al topar nuestras anatomías, jamás en esos instantes sabíamos que llegaríamos a esto. 

La vida es tan cruel que nos cruzó e hizo que nos conociéramos, caímos en cuenta que nos juzgamos de manera injusta y que tal vez, sólo tal vez, podríamos ser almas gemelas. Esas fotos, esos recuerdos y todas las veces que alteramos nuestras conciencias con alcohol; una travesía que algún día tendría un final.

Yo no pedí enamorarme, llegaste y te adueñaste de mis noches, mis vigilias y mis fantasías. Me aferré tanto a mis ilusiones, torpemente cree un universo de felicidad,  y así cuando te despediste, una pequeña daga me traspasó hasta quebrantar mi alma y mis huesos. Lloré y grité en silencio tu despedida.

Sangré, pero sigo vivo y de los escombros del universo que creé reconstruí recuerdos, poco a poco me estoy alejando de esta utopía que martirizaba mi existencia.

No puedo negar que lograste despertar esos sentimientos en mí que creía que habían muerto, ahora que te fuiste (y no sé si te volveré a ver) te deseo toda la felicidad del mundo, la misma que me causaba tu pequeña sonrisa y la inocencia de tus ojos.



Hasta pronto.