Recorrí la noche con mi mente
y canté una estrofa de luna
hoy no existe nada más que mi delirio -o psicodelia-
porque se convierte en un hábito renombrarte.
Una vez más lloró un árbol
al ser una hoja de una carta que nunca se envió
gasté mil tintas y sentido común
gaste mis fantasías en recorrer tu cuerpo.
Digamos que prácticamente
no teorizo nada cuando estas de frente
para mí, todo en su anatomía es perfecto.
Luego de incontables noches
aterricé en mi realidad
llevé la botella de vino y el cigarro a mi boca.